Xurxo Gómez-Chao

“El veloz transcurso del tiempo”

Silvia Longueira

Directora de la Fundación Luis Seoane

Sistematizar y ser consciente de que las etapas creativas abarcan períodos concretos es en sí mismo una reflexión interesante para quienes transitan por universos creadores. Sabiendo que modular y compartimentar es también una opción de orden que servirá de vehículo para un análisis posterior. Y ésta es la decisión que ha tomado Xurxo Gómez-Chao (A Coruña, 1960) para afrontar estas tres series que ilustran lecturas, vivencias, pasajes personales ligados a territorios íntimos o simplemente la curiosidad del individuo que observa el detalle atomizado de un instante concreto absolutamente intrascendente.

Lo óptimo es cómo el artista puede mover ese pensamiento a un estado real que, además, a través de los años ha marcado una factura propia. En el caso de Xurxo Gómez-Chao es una realidad manifiesta. Desde el campomatérico de los años ochenta a la feliz incursión en el ámbito tecnológico de los últimos quince años, ha optado por instaurar la economía de recursos en sus composiciones y un orden que impregna toda evocación. En esta ocasión estas tres series fotográficas, que se han venido gestando desde hace cinco años, tienen una vinculación directa con el paso del tiempo y con la voluntad de crear, nuevamente, el pasado.

La primera de ellas es Hotel Earle en la que su lenguaje compositivo bascula más allá de la posverdad. Son lugares que se mantienen a pesar de la huida de lo bello y lo convencional quedando sólo el rastro de lo que han sido. Atmósferas ligeras de composición pero plenas de

intención como si BartonFink las hubiese abandonado llevándose con él su pesar y dejando lo etéreo.

Tempus fugit, la segunda de las series, se estructura en imágenes sobrias y contrapuestas entre la vida y la muerte, con el mito de Narciso ensayado en la duplicidad de los diferentes escenarios. En esta ocasión, tomando los recursos bellos y silenciosos de la serie Tratado de botánica aplicada que aproximaban a Gómez-Chao a una estética apta para convertir la naturaleza en una opción minimalista. A lo largo de Tempus fugit podemos enlazar más fácilmente con ese pasado de realismo de ficción que Xurxo trata con frecuencia de desgranar en sus obras.

Finalmente, Paisaxe difusa relata el tránsito espacial que acontece en un momento concreto del transcurrir del tiempo. Ese lugar mágico que “sucede” en un preciso instante y que, en este caso, surge de la observación de la transformación paulatina de la ciudad (Valencia) cuando abandona su morfología de urbe dando paso al campo y a los huertos que la circundan. En esta serie, se escribe un relato que bebe de las dos anteriores: por un lado, espacios reales como acontece en Hotel Earle; por otro, la naturaleza que sirve de apoyo a la descripción de lo efímero y de lo fronterizo con la vida.

En todas ellas hay, en cierta manera, una evocación de objettrouvé que ha servido de constructo a obras y series anteriores de una gran sutileza, con un discurso intelectualizado que remite a la mitología, el dilema de la elección y el azar. Todo ello sin que el espectador sienta la opresión del conocimiento y el trabajo minucioso del artista. Mágico.

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